Miguel Gil Vera

Miguel Gil Vera

Miguel Gil Vera: el bodeguero del año

ENOLOGÍA Su grupo Gil Family States elabora vinos exquisitos de pequeñas zonas y que exporta a medio mundo

Enrique Calduch. Madrid. El año pasado, se le otorgó el título de “bodeguero del año” a Álvaro Palacios, por la enorme proyección de sus vinos a nivel internacional. Este año, le toca a Miguel Gil, también por su gran vocación exportadora, pero sobre todo por su filosofía de trabajo: elaborar vinos en diferentes denominaciones de origen del país, nueve de momento, generalmente de zonas poco conocidas, a las que de paso rehabilita. Vinos de una gran calidad, y de pequeñas producciones, pero que en conjunto representan ocho millones de litros, de los cuales el 75% se exportan, con Estados Unidos a la cabeza.

Miguel Gil Vera nació en Jumilla en el seno de una familia de bodegueros. En 1916, (el año que viene cumplirán 100 años), su bisabuelo Juan Gil puso en marcha una bodeguita que por entonces vendía vino a granel. Los sucesivos Juan Gil se turnaron al frente de la firma, una generación tras otra, hasta que en 1993, Miguel –sexto de nueve hermanos de la cuarta generación– decidió reorganizar la empresa familiar bajo el nombre de Hijos de Juan Gil. En 2002, los nueve hermanos fundaron Gil Family States, y se lanzaron a desarrollar su proyecto.

Modelo de éxito
El plan, muy meditado, es el de ir buscando zonas vinícolas poco conocidas pero de gran potencial. Buscan viñedos muy viejos, especiales, de variedades decididamente autóctonas, mejor poco conocidas. Luego montan una pequeña bodega, funcional, directa, y se contrata a enólogos que conozcan bien la variedad, de tal manera que en muchas de las bodegas hay especialistas procedentes del extranjero. Con todo ello, se elaboran vinos de mucha calidad, aunque de poca producción, con una inversión que en conjunto no ha sido muy grande y que permite poner precios muy competitivos en sus respectivos nichos de mercado. Luego los vinos de las diferentes zonas se comercializarán juntos permitiéndoles competir con las grandes compañías.

Su inicio fue su propia tierra, Jumilla, y donde crearon, además de Hijos de Juan Gil, Bodegas El Nido. Se hacen con viñedos en que cada cepa no da más de 600 gramos de uvas. Y al primer tiro, gol. El Nido vende prácticamente toda su producción en Estados Unidos a 100 dólares la botella.

No es de extrañar, porque es una joya de concentración, expresividad y mediterraneidad. Su éxito está en que en cata ciega se lleva por delante a otros vinos que valen hasta diez veces más. Su hermano pequeño, Clío, es una mezcla entre potente, sabroso y fresco. Y sale por 33 euros, un lujo. Los vinos de El Nido, junto con los Juan Gil, han situado Jumilla, hasta hace años considerada una zona maldita, en un referente de vinos de muy alto nivel.

De Jumilla saltaron a la cercana denominación de origen Almansa. Allí trabajan con la garnacha tintorera. Elaboran los vinos Laya, La Atalaya y Alaya. Vinos de una extraordinaria originalidad, de fruta madura y paso de boca largo y agradable.

En la denominación de origen Calatayud, elaboran Atteca Armas, Atteca y Honoro Vera en sus diferentes calidades y precios. Son vinos potentes, golosos, con mucha clase, muy satisfactorios, y que de paso han colocado la denominación de Calatayud en el mapa vinícola, lo mismo que a Almansa y a Campo de Borja, en Aragón, al pie del Moncayo. Allí elaboran unos vinos excelentes bajo la marca Morca.

En Cataluña, entraron primero en la denominación de origen Montsant con unos vinos de rotundo éxito: los Blau, Can Blau y Mas de Can Blau, elaborados con cariñena, garnacha y syrah. De Montsant se van a la denominación Priorat, donde cuentan con la marca Blue Greay. Y para terminar, su capítulo de tintos está Tridente, bodega situada en Zamora, y con vinos pertenecientes a la denominación geográfica Vinos de la Tierra de Castilla y León.

En el capítulo de blancos, han atacado dos zonas, las dos más conocidas, Rueda y Rías Baixas, aunque siempre con sus particularidades diferenciadoras. En Rueda, están situados en la provincia de Segovia, en altura. Aquí elaboran Shaya Habis, Shaya y Arindo, vinos que están entre los mejores verdejos del país. En Rías Baixas cuentan con Lagar Da Condesa, 100% albariño del Valle del Salnés.

En el centro logístico de Jumilla los agrupan, los mandan a las diferentes delegaciones y distribuidoras situadas en Estados Unidos, Canadá y 35 países más; aparte de la venta que realizan en España.

Cuando se topen con alguno de estos vinos, pruébenlo. Se encontrarán ante vinos auténticos valorados en todas las guías y referencias. Ese es el secreto del éxito, consolidado en sólo 13 años y partiendo de una pequeña bodega jumillana, que les ha convertido en unos excelentes embajadores del vino español.

Extraído de: Expansión